LA TIERRA Y LA PAZ
Se ha dicho de todo sobre el proceso de paz, una apuesta que iniciaron
los gobiernos hace mucho tiempo y que según la periodista Marisol Gómez, tiene
su raíz en la planeación por escenarios de DESTINO COLOMBIA del año 1997 cuando
se reunían en el Recinto Quirama (Antioquia), los más representativos
personajes de la vida nacional.
Eso es cierto. Esas reuniones ultra secretas,
dieron paso al inicio de la construcción de escenarios para Colombia con miras
a 2020 para lograr enfocar los esfuerzos de los gobiernos en propósitos
comunes. La paz, era uno de ellos. Sin la presencia de los medios de
comunicación, se analizaban las posibles evoluciones del devenir colombiano
sobre el conflicto armado, con cuatro posibles escenarios, denominados
“Amanecerá y Veremos”, “Más Vale Pájaro en Mano”, “Todos a Marchar” y “La Unión
hace la Fuerza”.
El mismo esquema, que luego fue
divulgado a la opinión pública, se implementa actualmente en Bogotá desde la
administración Petro, bajo la dirección de la Cámara de Comercio de Bogotá y la
Alcaldía Mayor para construir escenarios posibles para la capital. Es un
mecanismo exitoso donde todos debaten y participan en una serie de reuniones en
las que logran confrontar ideas y exorcizar posiciones políticas, ideológicas,
sociales y diamantinas sobre el mundo y lo que consideran debe ser, para darle
una oportunidad, un poco más de tiempo a este país, y a esta ciudad que tanto
amamos.
Destino Colombia, se propuso el
logro de la paz. Pero la historia le heredó a ese objetivo, problemas que no
son de fácil resolución ni respuesta, y uno de ellos, es el tema de la tierra,
que ocupa renglones en los Acuerdos y que seguramente estará en medio de los
que no han empezado.
No es secreto que en el tema de
tierras, la referencia histórica es la violencia que derivó con el tiempo, en
cifras como la que presentó recientemente el DANE en el Censo Agropecuario,
donde se revela que 0.44% de los propietarios de tierras tienen el 46% del
total de la tierra, es decir, de 47 millones de hectáreas están en manos de
2.500 personas familias que son los dueños de 52% total. Una concentración de
tierra que durante las décadas de los 40 y los 60, derivó en 2 millones de
desplazados y el despojo de 396 mil fincas
las cuales nunca fueron retornadas a sus legítimos dueños. Se desarrolló
una etapa de violencia que se terminó con el Frente Nacional en el mismo tiempo en que
nace la guerrilla fariana con su tesis de la necesidad de una reforma agraria
integral, hoy contemplada en los Acuerdos de Paz, como uno de los puntos a
implementar con sus correspondientes matices.
Procedente de esa realidad
política y de violencia que en otras formas se extendió hasta nuestros días,
surgió por parte de las víctimas la Ley 1448, una norma amparada en un marco
jurídico robusto en desarrollo de temas como la restitución de tierras, la
reparación administrativa, el sistema de participación y el fortalecimiento de
la Memoria. ¿Qué tiene que ver la tierra con la Ley 1448? Todo.
Las victimas piden el retorno o
la restitución, y es allí donde se inicia por parte del Estado, el estudio y la
radiografía de realidades -que son complejas de explicar- y que hoy se traduce
en 200 mil hectáreas restituidas de 35 mil reclamaciones favorables, en 8
millones de desplazados y en el despojo
de 7 millones de hectáreas. La paz
propuesta, convierte a las víctimas en el centro del debate, con lo que se
configura un silogismo político que toca el debate de tierras de manera
inconmensurable. Al existir
concentración de tierras, muchas de ellas despojadas por la violencia, manos de
tenedores de buena fe, o de mala fe -según el caso- , quizás a algunos de ellos
no les guste la idea de que ahora con la paz, lleguen los reclamantes a
pretender el retorno. La paz si, pero no así.
Según los panelistas de la
Conferencia realizada en la universidad Javeriana en el marco del ciclo de
conferencias sobre la temática, el asunto
es tan escabroso, que desde 1980 desaparecieron las cátedras de derecho agrario
de las universidades y resolvieron (quienes?) enfocar los debates hacia el
comercio internacional. Las miradas volcaron su interés hacia la
territorialidad indígena y de negritudes, que encontraron en la Constitución
del 91, la protección de territorios, desplazando la violencia a las zonas
cafeteras. Así, la disputa de los años 50 tiene una nueva versión en el 91,
cuando se inicia una cruzada contra la carta magna la cual hoy cuenta con más
de 40 reformas en dicha materia. En el entretanto, los territorios indígenas
fueron objeto de desplazamiento paramilitar por la presencia de proyectos
mineros en las zonas. El mecanismo de expulsión, no era siempre el revolver en
la cabeza y tiro de gracia para todos. Eran masacres perpetradas con
descuartizamiento, ejecuciones con motosierra en cuerpos vivos y luego, un
partido de fútbol con las cabezas de las víctimas. Con ello, se difundía terror
en las veredas para que todos salieran finalmente de allí; muchos llegaron a
Cartagena, a Medellín y a Bogotá.
El desplazamiento paramilitar
contó con sofisticados métodos de despojo: desplazamiento, contrato de abogados
que legalizaban las tierras a uno, y otro, y otro, y otro dueño, con
transacciones que en el tiempo se tradujeron en tenencias legales por parte de
personas o empresas, quienes hoy dicen
que no devuelven una sola hectárea, a nadie - y con razón se abre el debate de la compra
del carro robado-. Pero al dominio territorial militar por parte de estos
grupos ilegales, al posterior testaferrato, le surge un nuevo problema: los tentáculos
internacionales, con el interés de grandes industriales y actores externos que
invierten en Colombia y desean conservar los territorios donde tienen sus
prósperos proyectos económicos, desarrollados bajo la sombrilla de los
TLC. “Colombia es la bolsa de tierras
del planeta” dijo Pedro Santana.
La historia con el ELN, es
distinta porque los propósitos de las guerrillas en su lucha revolucionaria,
son distintos. La de las FARC, fue por el poder ( ya hoy 1 de diciembre se
acabó), y la del ELN que aún está
vigente, es la resistencia, que tiene
también una historia, una realidad territorial, y que como grupo insurgente, tiene
otra forma de relacionarse con actores políticos, sociales, económicos, porque
repito, el proyecto no es ganar, es resistir.
La ideología de este grupo frente
a la oferta del Gobierno Nacional, en materia de paz tendrá vectores disímiles
a los de las Farc. Con el ELN, además del anuncio de los puntos del Acuerdo que
enmarcarían la firma de su paz y su posterior implementación, el proceso está en
una etapa de templanza que muchos dicen, no lo dejará prosperar a la fase
pública. El análisis de este proceso, -que está en gestación-, amerita otro
artículo. Estamos en el desarrollo de un juicio político a un secuestrado y el
anuncio del inicio del proceso en 2017. Mejor esperar para poder ver entonces, si esa pita se
reventó. Por lo pronto, podemos decir que el ELN no es un segundón y que su
proceso deberá tener mejor calidad, en menos tiempo y un ejercicio de consultas
que le den a la opinión pública la certeza del desarrollo de una faena técnica con sentido de alta política,
al mejor estilo de los negociadores del gobierno.

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