LA LÍNEA ÉTICA NO SE CORRE
Yo defiendo la decencia, defiendo la objetividad y defiendo el esfuerzo de hacer una campaña política, donde deben primar los debates de fondo que propongan soluciones en un momento en que el país necesita soluciones y con los cuales se logre tener la certeza de poder crear confianza en sus gobernantes para que incluso la inversión extranjera logre sostenerse.
Pero el detalle de este asunto de los Petrovideos ha trascendido de una manera tal que cada video es peor que el anterior. Me circunscribo a los relacionados a las comunicaciones que plantean dos estrategias: una oficial y una paralela para la que crearon equipos distintos, liderado éste por el asesor Sebastián Guanumen.
Parece que este joven tiene experiencia en campañas negativas, o por lo menos conoce del asunto, cosa que en el medio del marketing político es un ejercicio que existe pero que también ha entrado en la ruta de su efecto letal. Profesionales especializados en romper campañas, en hacer cosas que afecten al competidor y en desarrollar estrategias adicionales a las que se traza el equipo político de primer nivel, terminan enredados en escándalos como éste donde su reputación queda por el piso.
Adicional a los videos, se han difundido chat con conversaciones que lastiman la honra de las personas, proponer ideas baratas, de baja calaña y calidad humana.
Lejos de juzgar a las personas por su tendencia política, nos referimos a la tarea de asesor de medios, de imagen, de comunicaciones que cumple unos objetivos profesionales que no pueden tocar las líneas éticas bajo ninguna circunstancia. No en un mundo donde las audiencias hoy tienen acceso inmediato a los datos, donde esperan respuestas y orientación sobre la información para tomar decisiones y donde están en permanente exposición a ser vulneradas en su buena fe, creyendo y danto crédito a todo lo que sea publicado en medios digitales.
La campaña sucia se plantea como parte de la campaña oficial, como una estrategia desarrollada por un equipo paralelo. Alguien no comulgó con esa propuesta y decidió grabar las conversaciones para divulgarlas una semana antes del evento electoral. El efecto por lo general, es demoledor, y rompe el teflón que pueda tener el candidato, por lo menos en lo que se refiere al voto de opinión.
LA LÍNEA ÉTICA NO SE CORRE.
Una cosa es el análisis de DOFA y a la estrategia comunicacional para defenderse de las fake news y la manipulación de la imagen para confundir al electorado, y otra, el maquiavelismo y el rol del estratega de comunicaciones que debe desarrollar el discernimiento, presentar soluciones, y dirigir los mensajes con la intensidad, el tono adecuado para lograr influir en el cambio de opinión del electorado.
En campaña se dicen muchas cosas, se habla de muchas maneras, pero siempre se debe pensar en una sola cosa: el respeto al elector, al país y al bien supremo que es la democracia.


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