¿LA SEGURIDAD ES HUMANA O TECNOLÓGICA?
Por: Hernando Copete (*)
Lo primero que debemos entender es que la seguridad del ser humano debe ser integral; es decir holística, una fusión, entre los atributos que posee las personas (potencialidades) y las condiciones de vida (contextos); factores que son indisociables, interdependientes, corresponsables y simétricos. En resumen, es una interacción dinámica y continua entre el ser humano que moldea su significado social, según el entorno; que a su vez es interpretado y transformado por él. (relación dialéctica). El entorno es un catalizador que estructura y pone en funcionamiento la cognición, actitudes, aptitudes, moral, ética y acciones de las personas para su desarrollo personal como social. Paralelamente, las personas con este tipo de potenciales, físicos, cognitivos, emocionales y sociales, lo facultan para aprender, superarse, crear escenarios sociales (el paraíso terrenal) y usar la ciencia, arte, tecnología y estructuras sociales, como medios para generar una vida digna, sin discriminación.
Desde otra visión o mirada, es garantizar su protección de todo tipo de amenaza: psicológica (salud mental, bienestar emocional), que se encuentra en la cúspide piramidal, que depende de las amenazas como: la social (criminalidad, pobreza multidimensional, acceso a los servicios públicos, discriminación, etc.), biológica (agentes patógenos), económica (inflación, desempleo, devaluación, canasta familiar, etc.), natural (geológicos, hidrológicos, atmosféricos), política (libertad, comunicación, ideología, justicia, orden público), alimentaria (producción, costos, accesibilidad), sanitaria (enfermedades, contaminación, sistemas de atención médica, etc.), educativa (conocimiento crítico, herramientas, impacto social, empatía), cultural (costumbres, patrimonio), física (estructura material y biológica del ser humano).
En síntesis, las capacidades humanas que lo orientan en la interpretación de la realidad y su materialización, dentro de su contexto de vida, que es el molde y catalizador de sus comportamientos, son inseparables y juntos se construyen y evolucionan mutuamente. No existe priorización entre ellas. Leyendo el artículo titulado “La tecnología en la seguridad” de mi General Luis Ernesto Gilibert Vargas (Nuevo Siglo 19/05/2026) y en especial su pregunta “¿qué será más importante, las cámaras o el tejido social?”, en el cual califica, a la tecnología, como un fetiche que calma la ansiedad del ciudadano y en virtud de ello es usada por los gobernantes.
Desde la psicología se podría decir que es un placebo social y desde la sociología un factor de distracción, que saben usar nuestros dirigentes (¿coerción social?). Una sociedad automatizada, donde existen sistemas de reconocimiento facial, drones autónomos, controles de asistencia, cámaras, lectores biométricos, sistemas de iluminación automática, sensores de proximidad, botones de pánico, sirenas, alarma perimetral laser, registros administrativos, encuestas, bases de datos, GPS, Big Data; relacionados y conectados a una red de inteligencia artificial (IA), es simplemente un sistema que recolecta, almacena, depura, organiza, identifica, clasifica, establece relaciones, entre variables (cuantitativas, cualitativas), permitiendo identificar patrones, y por supuesto facilita generar modelos matemáticos y algoritmos estadísticos. El modelo es simplemente la representación de la realidad, a través de ecuaciones, formulas, para poder entenderlo. El algoritmo es el proceso o acción (diagrama de flujo) que busca resolver las problemáticas. Esta tecnología (hardware – software - redes), desde la lógica situacional (Karl Popper), es un medio para la prevención, que construye el contexto, las acciones humanas, fuente de las problemáticas sociales.
Paralelo a todo lo escrito, esta tecnología debe ir auditada, por cuanto la información puede ser manipulada, vulnerando la privacidad, el habeas data y posiblemente discriminado o elaborando y divulgando malas interpretaciones de su contenido. En consecuencia, se ha elaborado una serie de documentos cuyo fin es blindar la información de los riesgos, delitos, amenazas, su mal uso, etc. Estos son: ley 1581 de 2012, protección de datos personales; Conpes 3995 de 2020, seguridad de la información y confianza digital; ISO 37.001, sistema de gestión antisoborno; ISO 27.001, Sistema de Gestión de Seguridad de la Información (SGSI). El objetivo de todos estos documentos y otros más, es preservar la integridad, autenticidad (no manipulación) y confidencialidad de la información.
Todo esto nos lleva a otras preguntas, relacionadas con la expuesta más arriba: ¿La tecnología debe estar por encima del compromiso social?, ¿el compromiso social debe estar por encima de la tecnología o deben ser complementos?; ¿Estos compromisos deben estar sustentados por unas transparentes, justas, políticas públicas, en materia de seguridad ciudadana y uso de la información? El delincuente de cara a la tecnología, no es una persona ignorante. Frente a ello para ocultar sus rasgos físicos, hacen uso de disfraces, mascaras, se cambian de vestimenta. También hacen uso de aparatos inhibidores de frecuencia de señales, tapan, desajustan, destruyen o le echan pintura a las cámaras; estudian, analizan y hacen perfilamiento geográfico de puntos calientes (hotspots) para ellos; inutilizan o sabotean sistemas de seguridad, como lo es la fibra óptica; usan drones (hay unos que tienen una autonomía de 55 minutos con un alcance de 12 Kilómetros); realizan inteligencia delincuencial, como es adelantar seguimientos, estudio de rutinas, horarios, rasgos físicos, lenguaje corporal, capacidad de ofrecer resistencia, genero, edad, nacionalidad, estilos de vida, zonas de aislamiento, análisis de las vulnerabilidades; en otras palabras, su tarea es realizar la perfilación de sus víctimas y determinar los niveles de oportunidad para cometer el delito.
Con fundamento en todo lo escrito, hasta ahora, el ciudadano debe ser pasivo, espectador de su entorno y en espera que las instituciones del estado reaccionen (desesperanza aprendida); ciudadano activo, que desarrolla el vigilantismo, la paloterapia (pérdida de credibilidad de las entidades del estado) o un ciudadano comprometido, cuya responsabilidad es compartida (estado, organizaciones sociales, comunidad) en el diseño, ejecución y evaluación de las estrategias de prevención, análisis situacional del comportamiento delictivo, disciplina social y apoyo reciproco. Es un ser que hace uso de la inteligencia cívica (modelo colaborativo). Pero no olvidemos, si nuestro contexto, en seguridad pública, se encuentra bajo el régimen democrático, el régimen totalitarista u otro tipo de gobierno.
Si el gobierno es autoritario o totalitario, los niveles delincuenciales y criminales tradicionales, disminuyen considerablemente, pero emerge el crimen de estado. La vigilancia estatal no es otra cosa, que el monopolio de la violencia. No olvidemos el sistema político llamado feudalismo, con el poder “descentralizado”. Las tierras (feudos) se cedía a los nobles (clase privilegiada) a cambio de la lealtad y el servicio militar (la seguridad pasa a manos de ellos). Los campesinos trabajaban estas tierras para el señor feudal a cambio de la alimentación, protección y pago de tributos (¿Seguridad Ciudadana?). Observando esto con las cooperativas de seguridad (convivir), el estado delego la seguridad y la recopilación de la información en manos de privados organizados. Fue un modelo descentralizado de control armado al margen de la ley. En las ciudades esta forma de comportamiento organizado se ve identificado como ciudadelas, pago por la protección (restricción territorial). En síntesis, esto es un claro reflejo de la inefectividad del estado frente a la seguridad pública, no logran el objetivo, metas, en los sistemas de seguridad (eficacia) y mucho menos optimizar los recursos como son el dinero, el tiempo, el recurso humano (eficiencia. ¿corrupción).
Pienso que la seguridad, vista desde la psicología, sociología, criminología y política pública, es una construcción colectiva, donde la tecnología, uso de la información, educación cívica, el respeto, el altruismo, la gestión de los conflictos, redes sociales, la comunicación asertiva, la garantía de los derechos humanos, justicia, protocolos de actuación policial asertivos, entre otros, deben ser el conjunto de factores o condiciones sociales (catalizadores), que facilitan el desarrollo eficiente de los contextos, públicos como privados, seguros, de confianza, de excelente comunicación, generando un entorno con mejores condiciones, que garanticen una excelente calidad de vida, libertad, cohesión social y libre de las crisis sociales. Pero no olvidemos la siguiente mirada de nuestro entorno. Las estadísticas de la Rama Judicial y las Veedurías, señalan que la impunidad se encuentra entre el 90% y 93%, para capturados en flagrancia, quienes quedan libres. Frente a delitos menores, los reincidentes en un 60% quedan liberados. Sus causas, surgen en los protocolos de capturas, que no cumplen con sus procedimientos, técnicas. Los Elementos Materiales Probatorios (EMP) como sus Evidencias Físicas (EF), pierden el valor jurídico y probatorio, se le suma la denuncia, que no se hace o se encuentra fuera de los tiempos establecidos, las pruebas son insuficientes o archivan el caso. Y lo sorprendente es que se ha culpabilizado a un gran número de personas inocentes y las indemnizaciones, no son de bajos valores.
Una gran mayoría de ciudadanos no denuncia, simplemente, por la pérdida de credibilidad en las instituciones, su sistema judicial, la impunidad, el temor a recibir represalias por parte del victimario, la pérdida de tiempo en los procedimientos, costos en los investigadores, forenses, fiscales, analistas, como los estudios de laboratorio, sistemas balísticos, químicos, equipos de laboratorio, etc. que pueden ser más costosos, que las pérdidas materiales y humanas (victima, dinero, mercancías, vehículos, celulares, etc.), gastos médicos (hospitalización, procedimientos, psicológicos, medicamentos, etc.), gastos del servicio público, gastos en los sistemas de seguridad, etc. generados por el delito.
Un complemento, que fortalece, lo dicho, lo pueden encontrar en el artículo titulado “lo que nos enseñan los homicidios” en las2orillas.com. Para finalizar, debemos preguntarnos: ¿Cuáles son los contextos de la criminalidad? Para ello en comunidad debemos hacer uso de la Inteligencia social. Estudiar y comparar la prevención policial, frente a la prevención social. La primera es simplemente disuasoria, a través de su presencia y uso de la tecnología, sumándole la acción reactiva, que simplemente actúa después del hecho y no se anticipa. La prevención social observa, analiza y compromete transversalmente a las entidades constituidas para enfrentar esta problemática de seguridad, la familia, la comunidad académica, la comunidad barrial, en la búsqueda de las causas, de los malos comportamientos y en la elaboración de estrategias que antecedan esas conductas.
La prevención debe estar por encima de la reacción. Los comportamientos policiales deben ser unos reforzadores del buen comportamiento social. Ellos deben ser los padres, maestros, lideres del comportamiento, creando escenarios seguros, confiables y amigables, en conjunto con la comunidad. Los ciudadanos debemos ser unos protectores de ellos, mediante la colaboración activa y comprometiéndonos en actividades, programas de prevención comunitaria, redes sociales, comités de seguridad y en la creación de zonas seguras. Entonces ustedes que creen. ¿la seguridad es humana o tecnológica?
(*) MY (r) PONAL con especialización en DDHH y estadística. Ex DAS y FGN, docente U Cooperativa.

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