LOS CARROS NO SON CULPABLES DE CAOS EN BOGOTÁ




Ya nos habíamos referido en otra fecha al mismo tema: la insistencia del gobierno distrital de sacar los carros de circulación, a como de lugar, objetivo que tiene a más de uno con los pelos de punta. 

No es para menos. De nuevo, la propuesta de bajar a los ciudadanos de los vehículos por cuenta de los trancones que ocasionan en las vías de Bogotá, tiene a las autoridades de movilidad del distrito mirando opciones para disminuir el parque automotor y reducir el caos que es el tráfico de la ciudad. Los argumentos han sido múltiples, así como los ejercicios ciudadanos o medidas como el pico y placa que no logran funcionar para evitar este problema;  pero es necesario preguntarse ahora si la solución está en la "enorme" circulación de carros, o en otra circunstancia que no hemos detectado o leído bien para lograr superar este problema.

Conociendo casi todos los ejercicios de la administración para mejorar la situación, diría que el primer problema es saber que Bogotá es una ciudad concebida para una ciudadanía con costumbres y condiciones muy distintas a las de otros países. La ciudad no ha dado el brinco a la gran metrópoli que se sueña desde los 70, cuando empieza a revelar un cambio en su comportamiento ciudadano, registrando el ingreso de ciudadanos que provienen de los campos, que huyen de las violencias y que ingresan a la ciudad a rehacer su vida. A este fenómeno se juntan las inseguridades de todo tipo y la pobreza de la ciudad, producto del desempleo y de las migraciones a las que hacemos referencia. 

Leer a la ciudad, entender cómo fue concebida y cómo ha evolucionado, nos podría dar una pista de que el problema de movilidad radica en otras circunstancias distintas al parque automotor vehicular. La ciudad necesita más vías, más transporte público y más seguridad. Son tres componentes que resolvería en mucho el caos actual, que no le va a ceder espacio a la reducción de carros en las vías porque los vehículos son propiedad privada, cuya adquisición se realiza en negocios particulares con empresas privadas, y cuyos derechos en lo público, se resuelven con el pago de impuestos a la ciudad para tener el derecho de la utilización de vías. 

Las autoridades locales están en el plan de atacar la utilización del carro porque sí. Para éstas, es casi una inmoralidad tener vehículo y proponen compartir el carro con otras personas para reducir los trancones. El problema radica en que Bogotá no es un campus universitario. Bogotá no es Suiza. Bogotá es una ciudad con particularidades que requieren ser interpretadas en su justa proporción para que las medidas sean acogidas con entusiasmo y eso no lo han entendido las autoridades. Bogotá es una ciudad hecha para vehículos, buses, y tráfico como cualquier ciudad del mundo, pero su problema radica en un fenómeno social de ingreso de nuevos ciudadanos que hoy copan con viviendas los cerros orientales, que entran al mercado informal como sea, que si no lo logran se convierten en delincuentes y es una ciudad cuyas distancias requieren mejores alternativas de transporte, distintas a la bicicleta o a la moto, que también son actores que causan caos en la ciudad. ; solo basta observar cómo en la parada en un semáforo, se alcanzan a contar por lo menos 50 o 60 motos en un solo cambio de luces. 

Lo mismo sucede con el sistema tipo TM, que es el transporte ideal para la ciudad y "la única solución de movilidad para Bogotá", dicho esto por el mismo Alcalde Peñalosa en el EXMA de 2019 cuando también señaló que "la existencia de los centros comerciales eran síntoma de una ciudad enferma". 

Así las cosas, hay que leer a la ciudad y tener más empatía con los ciudadanos que encuentran en el vehículo particular, su forma de movilidad, su sustento y su seguridad.  El caos en la ciudad no es culpa exclusiva de los carros particulares. Es una convergencia de circunstancias que de no ser atendidas en el ámbito económico y social, convertirá a Bogotá en una ciudad inviable para vivir. 




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