EL CAOS COMO SUICIDIO POLITICO
Estaba atrasada de agenda y tengo muchas cosas por decir, pero creo que en esta entrega no puedo abordar todos los temas pendientes; si acaso, mencionarlos tangencialmente porque como siempre hemos dicho, aquí pasa una cosa y no termina de digerirse, cuando ya pasa otra. Por ahora me referiré a nuestras marchas sociales que suelen derivarse en orden público y ahora en muertes, desapariciones y rimbombantes titulares en la prensa internacional, todos ellos coincidentes en que al gobierno se le salió de las manos la movilización y que hay excesos de la fuerza pública contra los manifestantes.
En un primer escenario, esa es la lectura. Lo que muestran las redes sociales, los medios masivos del mundo y todos los canales digitales disponibles como plataformas de expresión de una indignación generalizada frente al caos social que lleva casi dos semanas ocupando la atención del país y de las audiencias internacionales. Miles de videos, fotos, testimonios y relatos en vivo han circulado por estos medios digitales cuyo insumo ha sido recogido y valorado por los medios tradicionales para conformar el discurso informativo en el que desafortunadamente el país se ubica en un escenario de guerra civil producto del inconformismo social por las medidas del gobierno que a pesar de ser retiradas del Congreso, caso puntual la reforma tributaria, no lograron que las turbas se recogieran a descansar.
Es que ya no se trata entonces de un proyecto de ley. Se trata del descontento ciudadano contra un gobierno que -en su enconada opinión- no ha hecho nada, no ha servido para nada, nos tiene sumidos en la pobreza, es corrupto y su Presidente es más o menos un meme del que todos se burlan y lo hacen parecer más o menos un títere. Esto para decir lo poco que dicen, quienes insultan y vomitan en esas cloacas digitales.
Muchos otros llegan a decir que todo este caos es producto de la desconexión del gobierno con los ciudadanos. Pareciera que el Presidente está en otro país y que poco o nada le importa realmente la situación endémica de una población que lleva confinada un año, por causa de la pandemia. Otras voces, más académicas, señalan que fue desafortunado e inoportuno la presentación de la reforma tributaria. ¿Sería este el florero de Llorente para que la gente se enfureciera y saliera como volador sin palo a acabar con todo a su paso?
Propongo un escenario distinto: ¿Qué tal si todo este caos es parte de una estrategia fríamente calculada? No pongamos nombres, ni señalemos si es bueno, o malo. Pensemos en lo que conforma la teoría del caos que orienta conflictos violentos, alienta crisis económicas y sociales con el fin de generar inseguridad ciudadana tan insoportable que canaliza la rabia social hacia el derribo de un gobierno o un sistema. Partamos de un principio: si creamos caos, será para lograr un propósito. ¿Cuál sería? desde la derecha, lograr que la opinión culpe al líder opositor?; desde la izquierda, lograr llegar al poder?
Alguien versado en asuntos políticos me comenta en redes:
La reforma tributaria era muy generosa para los estratos 1, 2 y 3... Pero quién pretende ocupar el Solio de Bolívar a través de sus falsas profesías, incendió nuestro país utilizando a jóvenes desprovistos de amor por Colombia... La reforma tributaria fue una excusa más, recuerde que la excusa en el año 1970 fueron las elecciones presidenciales para confirmar un grupo facineroso y brutal cómo lo fue el m-19... Ya tenía experiencia de cómo hacer maldad y lo va a repetir una y otra vez hasta que sucumbamos a lo más profundo de la miseria, el hambre y la muerte... Cualquier excusa sirve para incinerar a nuestra Patria!
¿Tiene el líder opositor la fuerza para desestabilizar de manera tal al país?. Muchos opinan que cuenta con el apoyo de gobiernos como el de Maduro y Cuba y con el apoyo de las FARC y el ELN. Pero sea con apoyo o sin ellos, cuenta con guarismos de favorabilidad en las encuestas que lo ponen en la Presidencia para el 2022. El plan de desestabilización que le cabría al líder para tomarse el poder por las malas, no parece muy convincente, no obstante que Colombia no cuenta con tradición golpista y que tampoco tiene lo que necesita para un golpe de estado que es contar con apoyo de sectores como el militar, la iglesia, los gremios entre otros que conforman el Estado y con cuyo aval podría pensar en algo semejante.
Miremos del otro lado. La derecha. Un país en pandemia, inevitablemente se debilita en todo. Venimos de un año de confinamientos, cuarentenas, cierres, pico y cedula, pico y placa, y todas las medidas con las que los gobiernos nacional y local intentaron parar el contagio de un virus que llegó para quedarse. Estamos en el segundo año y apenas avanza la vacunación. El gobierno tuvo que cambiar sus agendas para atender esta crisis sanitaria y lograr contener una pandemia que hoy ya por lo menos tiene una vacuna, pero que ha cobrado la salud, la vida y la economía familias de millones de personas que no pueden seguir en sus negocios, en sus emprendimientos y que hacen parte de los casi 20 millones de pobres que reporta el Dane en su última medición.
La pandemia expulsó de la clase media casi 3 millones de personas, así que la pirámide hoy está dividida y se invierte, una sobre otra. ¿Cuál sería la ganancia de la derecha en un escenario de caos social? ¿moverle el piso a Petro? ¿lograr culparlo del caos para tener mayores ventajas electorales para el 2022?. Si la demora en la respuesta al control del caos tuvo una estrategia política, me temo que el efecto se devolvió como un bumerang: el gobierno perdió un ministro, perdió tiempo, y queda con deuda social y económica porque darle largas a la sentada con el comité del paro que fue lo que primero debió hacer, costó millones en pérdidas económicas a nivel de insumos, medicamentos y vidas humanas, cuyas familias hoy estarán pensando en demandar al estado por los excesos de las autoridades contra los civiles en el marco de las marchas.
Una caos en medio de una pandemia, es un suicidio político, promovido de la orilla que sea. Las teorías proponen que para lograr el control político y económico de las sociedades, solo basta con cambiar las agendas y desacreditar el sistema para golpear la soberanía y los DDHH. Creo que para un suicidio político, solo basta con no leer la realidad; en estas teorías de conspiración, de revoluciones moleculares, hay una sola verdad: la sociedad está cambiando y es una sociedad harta, pobre y sin futuro. Una sociedad estilo Rodrigo D, una Colombia D No futuro.
Colombia no será la misma luego de la pandemia y de este paro nacional. Aquí se midieron el aceite de lado y lado, y lo único que queda, es sentarse realmente a analizar cómo está cambiando el país. Algún Alcalde señalaba que era necesario consultar sociólogos más que encuestas. Si. Comparto esa opinión. La protesta se empodera como una forma de participación política y no resiste los discursos vacíos, cortoplacistas y menos la fuerza policial. Así que esto no se trata de coyunturas electorales, se trata de miradas distintas que aún no son digeridas por el tejido social.
La juventud nos tiene arrodillados porque son ellos los que atizan estas marchas y sus peticiones no son atendidas. Piden educación de calidad porque se han dado cuenta que con ella es posible progresar. La juventud quiere el poder, va a participar en las elecciones como nunca antes, tiene sus candidatos, y seguirá presionando la olla hasta que esto estalle.

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