LAS CEPAS DEL 2020


Todos estamos de acuerdo en que el 2020 fue un año impredecible. Lo que pasó en todos los órdenes: social, económico y político difícilmente tendrá otro momento para siquiera poder alistar estrategias de mitigación. Este año ha marcado el antes y el después para la raza humana y su relación con la naturaleza y con su propia especie que hoy está en una ruta de extinción compleja porque no sea por mano propia, si ha influido su comportamiento voraz en el deterioro del ambiente y en los cambios de comportamiento de la raza humana con su entorno. 

En el orden social, la relación de los humanos con otros humanos no es solidaria, ni siquiera competente. Es destructiva. Lo quieren acaparar todo pasando por encima de lo que toque para acumular riqueza y tener poder. Se han profundizado las fobias y las diferencias y son relaciones basadas en falsedades, que incluyen un tema aparentemente sin importancia: la soledad. Aparece como el peor fantasma, como el peor castigo. Hay miles de personas solas que no logran ser parte de nada: ni de círculos, ni de mercado laboral, ni de actividades, ni de oferta institucional, ni de gobiernos, ni de ricos, ni de pobres. Son nada. No existen. A nadie le importa su suerte, su vida, su bienestar. La soledad es una cepa que está empezando a matar la psiquis de los seres humanos, está aislando a personas, está matando en vida a cientos que aún pidiendo ayuda, no la encuentran.

No es un asunto de agendas gubernamentales, ni es un asunto de votos. Si estás solo, aislado, de malas. Y no es cierto que la resiliencia y el reinventarse, sea la solución a la incapacidad de los gobiernos para responder a las necesidades de la sociedad y menos a las necesidades de quienes se están quedando solos. Esto no es competencia de las propias personas, es una obligación del Estado otorgar bienestar a los ciudadanos. Si alguien pide empleo, debe tenerlo. Si alguien pide ayuda, debe dársela. No trasladar la responsabilidad a las manos de las propias personas: tú debes ser resiliente y debes reinventarte! demuéstranos que eres capaz! que crueldad!!

Y esta cepa tiene que ver con otra: la económica que se enmarca en esa fábula de la resiliencia. La cepa económica, que no es otra cosa que pobreza, es la más dura, producida por una pandemia de consumo comercial que ha vendido la idea de que solo es feliz el que tiene y el que puede y esto conecta con el centro del tejido social. Si bien es cierto que tener dinero ayuda, y mucho, no es entendible como se han manejado las prioridades  entre economía y salud que terminó siendo una guerra silenciosa, mordaz y letal. El desempleo golpea sin piedad la puerta de las empresas porque no pueden producir para cubrir sus gastos pero lo único que no golpea es al Estado, porque la economía colombiana es una de las más robustas de América Latina, aún con los grados superlativos de corrupción que existen en el país. Así las cosas, es el Estado el llamado a responder por el desempleo, a crear empleos formales, bien pagos. Y si se puede! Si lo han demostrado algunos empresarios como Mario Hernández que nos ha dado cátedra de economía social formal, por qué no el Estado que sigue siendo negligente y deja por ejemplo que se aumenten los salarios del Congreso y de sus funcionarios en 5.2% y no deja que se aumente el salario mínimo. 

El objetivo es claro: empobrecer!. Tener un país pobre, sostiene la corrupción. En este punto deben intervenir las cortes y las IAS para evitar que esta cepa acabe con el "raspao de la olla" en que están dejando a este país, cuyo próximo gobierno tendrá poco para su gestión y sí muchas dificultades sociales producto de bolsillos vacíos, hambre, pobreza e inseguridad. 

Estas cepas del 2020 tuvieron en los medios de comunicación, en las redes sociales, altoparlantes que como en todo, con un poco de pauta," lo que quiera el doctor". Vendieron la idea del emprendimiento como la solución a una economía reventada y corrupta. En mi opinión y como quiera que se le llame, emprendimiento, resiliencia o reinventarse, no demuestra cosa distinta al interés mezquino de no responder, ni hacerse responsable del ejercicio político del poder en todas sus dimensiones. Y para lograrlo, si no los convences, confúndelos!

La pandemia ha dejado al desnudo la gran improvisación para afrontarla. El cambio de medidas, de opiniones, los debates sobre el sí y el no, las dudas, todo ello producto del desconocimiento de un virus que aún hoy no se sabe de donde proviene o cómo se produjo, pero del que sí se sabía su letalidad y su poder de contagio y aún así, entró por los aeropuertos del mundo con tapete rojo, sin que nadie se diera cuenta. Ya en casa, puso a prueba la resistencia de los pobres, la voracidad de los ricos y agrandó las grietas sociales que tendremos que ver en adelante, como una consecuencia -también letal- de que los humanos no mejoramos, no cambiamos y estamos cerca de cerrar el ciclo de evolución humana para volver a ser neanderthales. 

No soy de opiniones a medias. He observado en estos 3 años la realidad. Así como también me he visto todas las novelas, los noticieros y los realitys, porque no hay nada mejor que hacer ante la respuesta infalible de: no hay empleo, es que todo es para la pandemia, toca esperar. Lo he visto todo. Lo he oído todo. Por eso no creo en nada, porque no veo que el ser humano sea mejor, ni veo que se cumpla el : todos juntos, vamos a salir adelante; ni veo que ni siquiera los resilientes, emprendedores y redelputas, sean otra cosa distinta a ser parte de una perversidad que sostiene la gran mentira de los gobiernos de no tener con qué responder.

Vienen tiempos peores, no les quepa la menor duda. Y las cepas del virus, nos van a golpear a todos, donde más nos duele, porque ni la vacuna alcanzará para todos, y la cura del virus aún no aparece. Sigan con el cuentico de la resiliencia y el reivéntese. A mi que me vuelvan a decir eso y se ganan su madrazo bien puesto!

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