EL MUNDO SE DERRUMBA Y EL COVID DE RUMBA


En otros paises se pusieron de moda las rumbas anticovid. En Colombia, se alquilan casas para motelear y hacer fiestas. ¿Vamos bien, no?




En estos días de cifras en aumento, de curvas que no quieren ceder, los medios de comunicación han registrado de manera recurrente la indisciplina de los ciudadanos que no acatan las normas de cuarentena, poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás. Cientos de personas salen sin el cuidado preventivo a las calles y deambulan sin el menor recato con amigos, familias, mascotas o solos como unos sombies; otros, más irresponsables, desafían a las autoridades, haciendo fiestas en sus hogares o en lugares clandestinos de rumba. La venta de licor y la prostitución están pasando por encima de la pandemia. 

El Covid 19 empezó considerado como una simple gripe. Muchos le copiaron a esa idea y siguieron sus vidas normalmente. Luego, cuando la Presidencia decide tomar medidas mediante decretos, todos se miraron, y con palmaditas en la espalda, dijeron: todo será pasajero. Cuando la Alcaldía solicita que el confinamiento sea pronto y definitivo, pasó el tiempo y empezaron los problemas económicos, atizados por las diferencias políticas sobre el manejo de la pandemia y los protagonismos de los gobernantes. La gente le perdió seriedad y credibilidad al problema: esa es una pelea de dos, no de nosotros, y así empezó la carrera a la indisciplina ciudadana. 

En algún momento, se escuchó que se iba a militarizar la ciudad, y no se hizo. Los contradictores del uso de la fuerza por el tema ESMAD, trasladaron esos temores a ver la ciudad confinada y militarizada. Las redes no dejaron, y como siempre, se convirtieron en un mecanismo de presión social efectivo, porque cuando se gobierna con el parámetro de encuestas y likes, nada se puede hacer. Pero ahora, que suben las cifras por COVID y que rondan los videos del sur de Bogotá con la gente en la calle y de rumba, si debería considerarse la posibilidad de dar un paseo diurno y nocturno con la caballería. La vida de todos, incluso de los anticovid, está en juego. 

Claro que luego de leer la noticia de la rumba en Villavicencio, ¿qué puede uno esperar? Los mismos funcionarios desconociendo las medidas. Por Dios! 

Por eso me atrevo a proponer que las medidas sean más drásticas. Si van a zonificar, que para el sur sean más duras. Que para los funcionarios públicos sean más duras. No se trata del hambre, se trata de la vida. No nos pueden exponer a un "covidcidio", si se me permite el término.

 Los ciudadanos del sur y más pobres, no están demostrando su sentida necesidad, cuando salen sin protección alguna. Así que dejemos el paternalismo a un lado y pongámonos serios con las sanciones. Hemos hecho un esfuerzo ingente por cumplir el confinamiento, pero si los del sur vienen al norte a infectar, y se reparten por toda Bogotá porque son trabajadores o mano de obra, entonces deben someterse a mayores restricciones para cuidarse y no dañar la vida de los demás. Duro pero cierto.  

Según el reporte del Ministerio de Salud, el contagio aumenta en casi 1.000 nuevos infectados por boletín, no por día, realmente. Es decir, que hace 15 días hubo casi mil contagios que es el tiempo de incubación del virus. Yo me atrevo a hacer una cuenta: si esas mil personas se contagiaron, tuvieron contacto con por lo menos una más, una más; eso, nos da otra cifra. Y de los extranjeros que llegaron,  que fueron casi 60 mil viajeros que arribaron a este paraíso, unos cuantos llegaron enfermos. Así que, sume. Hoy al momento de este escrito, hay 12.930 casos. 

Diría que siempre habrá un rezago en las estadísticas. Por tiempo, por capacidad de pruebas, por falta de insumos y por evitar incluso un pánico social desbordado, que desde el punto de vista político, será un detonante para un levantamiento social sin precedentes. Cuando termine la pandemia, no solo será el problema económico, sino que todo empatará con el desarrollo de una campaña política que tendrá como referente el tratamiento y los resultados de la pandemia. Ahí se conocerán otros resultados, otras verdades y nos sacaremos los trapos al sol de todo lo que hoy está en desarrollo. Eso sucederá en todo el mundo, no solo en Colombia. Liderazgos surgidos de un virus que nos deja en otro estrato, en otro lugar, en otras condiciones y que deben saber leer esas nuevas realidades. 

El Presidente Duque todos los días ha hecho pedagogía, y ha rogado, y rogado para que por favor nos confinemos. Es el mismo discurso todos los días, porque todos los días se incumplen las normas. Parece cansón, pero no lo es. Es lo que toca hacer: decir hasta la saciedad: que se queden en su casa, que se queden en su casa, que se queden en su casa. Como disco rayado. Insoportable pero necesario, porque si seguimos como vamos las consecuencias serán muy graves; no obstante que habrá rebrote y que el virus no muere y se reinventa, puede mutar a otro peor.

Hay miles de personas que no creen que exista el coronavirus y que es un invento de los gobiernos. He visto cientos de videos en ese sentido. Que cosa más absurda. La ignorancia es atrevida y por eso pululan las teorías apocalípticas y conspirativas para motivar a la desobediencia civil. Y lo están logrando. Esos mensajes están empezando a calar, porque por cuenta de la corrupción, la gente ya no cree en nada. Ni en políticos, ni en gobiernos, ni en nada. Ni en el virus. Por eso, es necesario empezar a apretar y creería que sí toca hacer más pedagogía.

Una estrategia de comunicación más agresiva, más testimonial, más infográfica. Menos ministros hablando y más pacientes contando. Más ciencia, más penetración social. Más voz a voz: ¿Usted tuvo coronavirus? ¿se recuperó? cuéntenos!. Sensibilizar con documentales, con especiales. Y mucho marketing digital. Ojala que los millones en contratos para comunicaciones sean utilizados para eso porque de eso depende que no se diga más que el mundo se derrumba y el Covid de rumba!!


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