EL CONFINAMIENTO NOS TIENE DESESPERADOS



Mientras miles de personas mueren en hospitales, clínicas y en las calles de ciudades que no lograron contener a tiempo el virus, abogados y ciudadanos de diversos países preparan demandas contra el gobierno chino por la pandemia. Se supo recientemente que un abogado, líder de un grupo activista en EEUU, demandó por US20 millones de dólares a China, por lo que considera fue la liberación del arma biológica que sería utilizada contra los EEUU pero que de manera involuntaria, fue mal manipulada y por ello imposible de contener.

En Colombia, las cosas no han llegado hasta allá. El centro del debate por ahora es de corte institucional por los varios decretos expedidos por el gobierno y la desatención a la población que se encuentra en pie de reclamo porque no les han llegado las ayudas prometidas en comida e insumos para su confinamiento. Las demandas en los países latinos no son con abogados; son con cacerolazos y trapos rojos en las ventanas de los hogares, que claman ayudas de los gobiernos distrital y nacional.

El confinamiento nos tiene desesperados. "Ya estamos a punto de tirar la toalla", se oye en las calles, cuando la gente sale con el permiso de pico y género, o de pico y cédula, como lo han establecido algunos municipios, para evitar las aglomeraciones y el contagio. En redes sociales abunda la información sobre los cuidados, superadas solamente por las noticias y las cifras de la expansión del virus; pero ahora se han creado redes de apoyo en los barrios que funcionan por WhatsApp, para ofrecer ayuda en alimentos, insumos, diligencias y domicilios en restaurantes que tienen en el conocido "corrientazo" su agosto; claro, el dinero no alcanza porque no hay ingresos, no hay empleo y si o si, toca pagar servicios.

Los gobiernos han organizado una serie de medidas para aliviar cargas de tipo tributario y de servicios: pagos aplazados, por cuotas, créditos, condonaciones, subsidios, gran parte de ello dirigido hacia la población vulnerable de estratos 1,2 y algo para el 3. Sin embargo, la premura de las solicitudes y reclamos, opacan la buena intención de la oferta institucional que al día de hoy no logra cubrir en tiempo real las necesidades de los ciudadanos que ya se quejan porque sienten hambre.

LA POBREZA OCULTA: QUE NO SE NOTE 



En medio de este corre corre, empiezan a aflorar realidades que con el día a día, antes de las cuarentenas, no se notaba tanto y es, la verdad de la pobreza oculta. Familias que en estratos 3 y 4 viven aparentemente con comodidad pero que en este momento ven reducidos sus ingresos y son victimas del desempleo por cuenta de la pandemia, o por cuenta de una economía que viene desde hace tiempo rezagada en la creación de nuevos trabajos para profesionales de estos estratos.

La problemática de la pobreza oculta, no se pudo ocultar más. La prensa ha empezado a registrar historias que revelan cómo desde hace tiempo se han afectado cientos de familias en su economía doméstica a causa de muchos factores pero principalmente de uno que se llama vanidad social. Algunos de ellos pudieron resistir por unos años el tren de gastos que les impuso una sociedad de consumo y que solventaron a punta de créditos; otros, en la medida en que fueron creciendo sus núcleos familiares, se fueron alejando y dejaron solos a los abuelos que se sostienen de una pensión mínima, con la que medio alcanzan a cubrir sus gasto, pero ni una boca más. O están aquellos cuyas fortunas se perdieron en demandas, juicios de sucesión y hogares paralelos que aparecieron de la nada reclamando lo que por derecho les pertenece. Casos son cientos y las razones, miles Pero todos ellos ahora bajo la pandemia, no pueden ocultar sus realidades y están a punto de caer en la pobreza de los estratos de los que tanto renegaron. Paradojas.

LA PACIENCIA SE ACABA

El panorama no pinta nada bien. El virus ya pasó una primera fase: su incubación, su expansión y su salida triunfante al mundo. Arrodilló a los países más poderosos, a los líderes más poderosos. Logró doblegar a multimillonarios y confinar al mundo "Vanity fair" que ahora solo exhibe en redes sus propiedades, lujos y extravagancias colmadas de vacío y soledad porque mientras acumularon riquezas, se olvidaron de sus familias. Otros volvieron la mirada a Dios y ahora claman su piedad. Nos queda unirnos a ellos, porque la pandemia tendría una segunda gran etapa; un rebrote que pondría a prueba de una vez por todas, la respuesta solidaria de los Estados en su más alto grado de compromiso con la ciudadanía.

En la localidad de Ciudad Bolívar, no esperan más. En EEUU, no esperan más. La paciencia se acaba y no podemos llegar al escenario de la total desobediencia civil, sin confinamientos, con robos y asaltos a locales y supermercados, a hordas de ciudadanos tomándose las calles para generar caos total. O encontramos la vacuna, o prosperan las demandas o morimos de hambre.











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