ANDRÉS SIN CARNE DE RES



* Uno está obligado hasta la muerte a reconocer los esfuerzos de una hermandad profunda

Cuando escuché la entrevista que le hizo la Revista Semana TV, al carismático Andrés Jaramillo, conocido por su exitoso restaurante ANDRÉS CARNE DE RES, no pude sino aterrarme.

Nunca he ido a ese restaurante. Me parece que hace parte del esnobismo criollo que se enquistó en alguna época en la ciudad y me parecía costosísimo gastarle a un plato de carne casi 70 mil pesos. Escuchaba, si, de las delicias de su carta y el ambiente divertido de su local, que realizaba eventos y celebraba cumpleaños. Un hit total! El empresario, hizo su fortuna con su personalidad y su talento, con una manera de ser muy acorde al tiempo de esa clase aparentosa, simpaticona y emprendedora. Supo leer a su audiencia. Supo interpretar sus gustos y sus sueños. La hizo. Pero hoy, el destino le dio una vuelta inesperada que le pasa una cuenta de cobro a esa vanidad y a esa parte ridícula que tiene el esnobismo, en el que caen quienes quieren conquistar a personas que viven en el "mundo ideal".

Su cruda confesión con la frase que utilizó con megáfono para atraer al público a su establecimiento: Adelante, Adelante!!, a gastar que el mundo se va a acabar!me espantó. Es el inicio de la entrevista titulada "La tragedia de los manteles" realizada por la Revista Semana TV que dibuja varios casos de restaurantes que hoy no pueden funcionar por cuenta de la pandemia.

"Yo me equivoqué", dijo Andrés Jaramillo. Menos mal que lo reconoció. "Todo esto nos obliga a un nuevo tipo de relación en todo sentido: en el amor, en los negocios, en las empresas, en todo", señaló conmovido por la lección de vida que recibe hoy de un virus que le arrebató su tranquilidad y su sonrisa. 

A mediados de marzo, a los casi 3 mil empleados de Andrés Carne de Res firmaron una licencia no remunerada por 15 días, y al término de la licencia, una carta de suspensión del contrato. Ojalá que ese procedimiento haya consultado la normas porque el Ministerio del Trabajo ha dicho que esa debe ser la última alternativa para declararse en quiebra y que se autoriza con el cumplimiento de una serie de estrictos requisitos por parte de los empleadores. Por la entrevista, parece que si. 

Según un columnista del portal Las2Orillas, Andrés tenia una deuda de 100 mil millones de pesos y era el dueño de solo el 20% de las acciones. La pregunta es qué fue lo que realmente pasó si este restaurante tenía uno de los mejores portafolios financieros, o por lo menos eso era lo que proyectaba, cuando se atrevió a apostarle a abrir otras sedes como la de Medellín, cuya inversión fue de 9 mil millones para 2.500 metros cuadrados de diversión que albergarían a 3.500 clientes. 

El balance financiero a 2018 daba cuenta de 19 unidades de negocio con una facturación cercana a los $160.000 millones por año y una nómina de 2.100 empleados, todo ello por supuesto apalancado con el respaldo del Grupo Inmaculada Guadalupe y Amigos SAS (IGA) al cual se unió en 2017, tras una alianza con el Grupo Conboca, operador de marcas como Kokoriko y helados Mimo´s; tiempo, cuyo lunar fue la pelea por la idea de otro empresario que quiso fusilar y catapultar su negocio llamado Andrés Padilla, con la marca y reputación del emblemático restaurante de los 7 mil metros cuadrados, en Chia, Cundinamarca. 

Parece que la marca debe cambiar: ANDRES SIN CARNE DE RES, algo casi vegetariano para que vuelva a los tiempos maravillosos de una nómina  de 7 mil millones de pesos y grandes proyectos, que estén llamados a diversificar; como dice el mismo Andrés: "toca pensar en otras cosas, distinto a pensar solo en hacer dinero". 



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